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“La carpintería es parte de mí”

1-	Enrique Raúl Gutiérrez Ramos, carpintero encofrador y miembro de la ANIR desde 1982

Enrique Raúl Gutiérrez Ramos, carpintero encofrador y miembro de la ANIR desde 1982. / Foto de la autora

Carismático, conversador, risueño, divertido, respetuoso, responsable y laborioso son algunas de las cualidades que identifican a Enrique Raúl Gutiérrez Ramos, Kique, como muchos lo llaman.

¿Quién es?, un hombre de bien, sencillo y con alma de carpintero, quien confiesa tener un conocimiento empírico, haberle hecho honor a la carpintería, y no hay nada en torno a ella que no pueda hacer por muy difícil que sea.

Oriundo de Pica Pica, Sumidero, se inició en este oficio desde muy joven. A la edad de 19 años empezó a vivir con su familia en la capital vueltabajera y sus primeros pasos los dio en el matadero de aves, ubicado en el kilómetro cuatro de la carretera a La Coloma.

“Allí hice encofrados en la tierra. El seis de abril de 1980 pasé a lo que es prefabricado. A los seis meses más menos me captaron para talleres para construir moldes, cuando eso existían los gran paneles cuatro. Ahora trabajo en el taller de la brigada Gran Panel 70 de mantenimiento social”.

La prensa escrita de 1983 refleja una de las obras de su autoría: un molde para ahorrar madera. Dice Kique que el trabajo estuvo en el Comité Central en una exposición y lo trasladaron a todas las plantas de prefabricado de la provincia y ello ahorraba alrededor de 26 000 pies de madera al año.

Con más de 35 años de experiencia laboral manifiesta estar preparado para asumir cualquier tarea.

“En una ocasión se aparecieron en la carpintería buscándome para hacer unos sellos, pieza para subir el pistón del volteo a los camiones Fiat, la cual era compleja y costaba mucho dinero inventarla en otro lugar. Yo dije -tráeme un pistón para acá-, planté una máquina casera que tengo e hice el primer molde. De ellos salieron como ocho.

“Muchas veces me llaman porque una pieza X tiene problema y no todos saben cómo enfrentar la situación. En estos momentos trabajamos en múltiples moldes para el Mariel, que son registros para tuberías pluviales de diferentes medidas”.

Pero su trayectoria laboral recoge además, los modelos que se hicieron para los planes arroceros en Los Palacios y Mantua y un molino de piedra en Lagunilla, el cual llevó unas hormas kilométricas que las hizo sin ningún problema y sin haber estudiado carpintería.

“Se construyó la base de la torre de RadioCuba de La Palma, que fue un trabajo forzoso. La torre en el centro lleva un cimiento grande y luego por los lados unos cables para tensarla y evitar su caída. También los fosos oleaginosos para recoger las aguas de los grupos electrógenos, uno solo pesaba 18 toneladas, el problema era saber contener el hormigón.

“Me dedico a estudiar por mi cuenta, todo lo que hago es empírico, la experiencia me llevó a ser quien soy hoy. Una de las cosas más complicadas fueron las letras del nombre de nuestra provincia, creadas por el aniversario 150 del otorgamiento del Título de ciudad a Pinar del Río.

“¿Cómo elaborarlas, cuánta exactitud, cómo sacarlas de sus plantillas?, porque las piezas tienen 60 centímetros de alto. Si la hacíamos de madera o de otro material. Siempre dije que llevaba chapa y serían aguantadas con pleibo.

“Primero sacamos la I, que es recta por todos los lados, la tilde; luego la R, más de tres días en el molde de esta porque lleva tres o cuatro entrantes diferentes y varias vueltas; la O que no es redonda sino chata y así sucesivamente. Es bonito verlas hecha, pero obtenerlas fue dedicación y sacrificio”.

***

Kique sigue la tradición de su abuelo, padre y de un compañero de trabajo. El primero fue carpintero toda la vida y en estos tiempos Enrique desconoce cómo podía fabricar ruedas de carreta, todo a mano, con hierros inventados por él mismo y con un motor “tres patá”, lo que tenía en su época.

“Para construir algo el primer paso es ponérselo en el cerebro hasta imaginarlo, luego se lleva a la práctica. En varios casos la proporción del objeto te la da la vista.

“Si te acostumbras a hacer todos los días lo mismo te envejeces más y según lo conocido, la mente hay que ejercitarla, de lo contrario se convertiría en un vegetal.

“El carpintero debe saber replantear, ¿qué significa eso? la base de la terminación de la obra. Si usted no la replantea bien ella terminará con desperfectos, porque no cogió las diagonales bien o no puso las paredes por donde van, y el resultado final se verá toda la vida.

“A mí me dijo Mario Díaz Contreras, de quien aprendí mucho, que el carpintero debe tener las manos suaves y con mucho tacto, la carpintería necesita de personas dedicadas. Hay que trabajar con el interés de quedar bien y de aprender, ser siempre un hombre de bien”.

Enrique sonríe, piensa, mira y dice: “Todos me quieren y me siento útil, no imprescindible. Si pudiera tener al lado del taller una casa nunca me iba de allí, hasta la muerte, porque me gusta lo que hago, lo vivo y lo disfruto. Queda poco para retirarme y mira que lo pienso. La carpintería es parte de mí”.

Enrique siguió el ejemplo de su abuelo y padre, la carpintería es parte de su vida. / Foto de la autoraEnrique siguió el ejemplo de su abuelo y padre, la carpintería es parte de su vida. / Foto de la autora

Sobre el Autor

Magda Iris Chirolde López

Magda Iris Chirolde López

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba.

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