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Jirones sucios de polvo y sangre

La patriota pinareña Isabel Rubio

Guerrillero evoca a la patriota insigne de Vueltabajo Isabel Rubio en el aniversario 120 de su muerte

Con Antonio Matías Rubio Valero, uno de los pocos médicos asentados hacia 1830 en el poblado de Filipinas o Paso Real de Guane, era bastante feliz.

El sol de la mañana se posaba como una mariposa amarilla sobre las tejas de su casona de 30 varas de frente y revoloteaba por los interiores, cuando se abrían de par en par las cinco puertas de la fachada. Antonio tuvo tierras, árboles, esclavos, una mujer bellísima de rizos oscuros con quien contrajo segundas nupcias (Prudencia Díaz) y un montón de chiquillos correteando por el jardín. La niña María Isabel del Rosario tenía gran apego por su padre, sobre todo después de la muerte de doña Prudencia en el año 1843. Solía acompañarlo en los recorridos a caballo por la región, cuando el doctor visitaba a sus pacientes pobres. Guane contaba por entonces con dos mil y tantos habitantes. Predominaban las viviendas techadas con guano, aunque existían también portentosas haciendas cafetaleras diseminadas sobre la margen occidental del río Cuyaguateje, por cuyo dominio lidiaban los vecinos. El aislamiento signaba la vida de aquella aldeílla y el mar constituía una de sus principales vías de acceso. Los que se aventuraban a cabalgar por el camino central de Vueltabajo eran, a menudo, presas fáciles para los bandidos. En casa de los Rubio se hablaba a favor de una transformación revolucionaria contra la dominación colonial española. Isabelita tuvo a su alcance las lecturas más avanzadas de su época, a la par que se aplicaba sobre sus estudios religiosos en La Habana y el cuidado de los hermanos menores. La muchacha contaba apenas con 14 años cuando el jovenzuelo Joaquín Gómez Garzón, hijo del escribano público de Guane, la pidió en casamiento. Dicen que la enamoró con su palabra poética y una simpatía característica en él. Del matrimonio nacieron varios retoños. A dos de ellos su madre los vería morir de adultos. Isabel dividía su tiempo entre los hijos, el despacho de un botiquín y el cuidado de los enfermos que acudían a la consulta de su padre; entre tanto, Paso Real de Guane ganaba importancia como vía de comunicación. Las personas, en su tránsito hacia la porción más occidental de la jurisdicción pinareña, debían pasar por el pueblo; así como los mercaderes que vadeaban el río hasta el embarcadero de Bailén cargados de mercancías. “El intercambio de noticias, informaciones, avisos y otras comunicaciones verbales o escritas eran constantes en el lugar de residencia de los Rubio”, refieren los profesores Pedro Luis González y Deogracia Hernández en su libro Isabel Rubio: patriota y educadora social. En un primer momento, fue Don Antonio el responsable de los asuntos clandestinos, compromiso que asumió su hija luego: “Isabel supo ser líder familiar a pesar de desenvolverse en un entorno donde la mujer tenía un papel secundario y subordinado. Asumió además la dirección del centro conspirativo más importante del extremo occidental. Logró un sólido magisterio político y social sobre la juventud que se nucleaba alrededor del separatismo en la extensa comarca de Mantua, Guane y San Juan: los hermanos Lazo, los Quintana, los Fajardo, los Murrieta; muchachos que conformaron más tarde el Regimiento de Vueltabajo y fueron grandes oficiales de la guerra desde el punto de vista de los grados militares alcanzados y de la proyección socio-política de su pensamiento”, explica Juan Carlos Rodríguez Díaz, historiador de Pinar del Río. Durante el periodo de Tregua Fecunda, la valiente pinareña mantuvo vínculos con la emigración patriótica cubana de la Guerra de los Diez Años. Bajo pretexto de visitar a su hija Belita y a su yerno (el coronel mambí Enrique Canals) realizó sucesivos viajes a Cayo Hueso, donde probablemente se entrevistó con ideólogos y organizadores de la nueva etapa de lucha necesaria. Advierten las narraciones orales que, al mediodía del 20 de enero de 1896, el general Maceo arribó con su columna invasora a las inmediaciones de Paso Real de Guane y preguntó dónde se hallaba Isabel. Los vecinos lo condujeron hasta la residencia de los Rubio, donde el Titán de Bronce tendió la mano a la mujer y le agradeció tanto esfuerzo a favor de la Patria. Ese día ella resolvió partir con sus nietos pequeños a la manigua, al frente de un pequeño hospital de sangre, a “practicar lo que tanto había propagado”. Dos años duró su andar por difíciles senderos de Vueltabajo, sanando los cuerpos rotos de los mambises y huyendo de la saña de los voluntarios españoles. Capitana de Sanidad la nombró el Lugarteniente General Maceo en un sitio conocido como El Barrigonal. Modesto Gómez Rubio, hijo de la patriota, describió brevemente el recorrido del hospital ambulante: “Se marchaba de día y de noche, a pie y a caballo, pues las cabalgaduras eran pocas y tenían que alternar en ellas las mujeres y niños, según el cansancio los obligase”. Escribió Modesto también que la columna subió, con los pies lastimados y descalzos, lomas empinadas; se enfrentó al paludismo, durmió a la intemperie sobre las piedras; construyó chalanas para cruzar los ríos crecidos y engañó al estómago con pomarrosas, agua de curujey y bejucos de palmas cimarronas. El 12 de febrero de 1898, en un lugar conocido como El Seborucal, una partida de guerrilleros al mando del teniente Antonio Llodrá atacó el bohío donde acampaba la tropa sanitaria. “¡No tiren, somos mujeres, niños y heridos!”, gritó la capitana de 60 años segundos antes de que empezara la masacre y una descarga de fusil alcanzara su pierna derecha. La anciana y otros sobrevivientes fueron transportados como reses a San Diego de los Baños esa tarde. Tres días después moriría de gangrena en el hospital de San Isidro de la capital pinareña, a donde la llevaron como prisionera de guerra, sin permitirles a sus familiares médicos asistirla en persona. Los ropajes de tafetán de aquella dama aristócrata, eran apenas jirones sucios de polvo y sangre. Con ellos pidió ser enterrada. Fuentes Bibliográficas Caballero, A.O. 1982. La mujer en el 95 Editorial Gente Nueva. La Habana.
González, P.L. y Hernández D. 2008 Isabel Rubio: patriota y educadora social.
Madera, I.L. 2015 Mármol y olvidos. Tesis de licenciatura en Periodismo.
Reyes, M. S/F Isabel Rubio Díaz, Presente.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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