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“Si de mí depende, siempre estaré rodeada de niños”

Idayris Llamazares Pérez

Idayris Llamazares Pérez junto a Reydel, un pequeño de cuatro años con una atrofia muscular espinal severa. / Foto: Yurina Piñeiro Jiménez.

Hoy se celebra en varias latitudes el Día Internacional de la Mujer. Guerrillero reconoce con este trabajo el quehacer de todas las cubanas. 

Sus ojos brillan con intensidad y sus palabras esparcen emoción cuando se refiere a los pequeños. No tiene hijos, tampoco es educadora ni trabaja como cuidadora de niños; sin embargo, siempre está rodeada de ellos.

Asume que su profesión demanda mucha entrega y tiempo, y que a pesar de los esfuerzos, a veces el desenlace final puede resultar fatídico; pero le recompensa saber que hasta el último aliento sus manos ayudan a devolver sonrisas e inocencia.

En el año 2014, la joven Idayris Llamazares Pérez se graduó de doctora en Medicina y optó por la especialidad de Pediatría. Desde entonces labora en el hospital pediátrico Pepe Portilla, en la ciudad de Pinar del Río.

Durante el último periodo, presta sus servicios en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de esta institución. Por su excelente desempeño en el ámbito académico y profesional resultó la residente más integral de la última graduación de especialistas del sector de la Salud en la provincia.

“NUNCA SE LO HE DICHO, PERO ELLA ME INSPIRÓ”

“Cuando roté por Pediatría, conocí a una doctora que con su ejemplo me motivó aún más a decidirme por esta especialidad. Para ella el trabajo no era una obligación, más bien lo disfrutaba al máximo. Siempre amorosa, afable y dispuesta, a pesar de las dificultades que como cualquier ser humano podía tener.

“Creo que era la pediatra con la que los niños menos lloraban cuando la veían entrar. Porque primero intentaba ganarse a los pequeños y a sus padres, y luego hacía la consulta. El rostro de casi todos cambiaba luego de que ella llevara un rato en la sala. Y yo decía: ‘Definitivamente quiero ser como la profe María Victoria’. Nunca se lo he dicho, pero ella me inspiró”.

EN PEDIATRÍA, LOS NIÑOS NO MIENTEN

Algunos médicos le temen al paciente pediátrico debido a la falta de capacidad de los pequeños para definir su sintomatología y a las particularidades de este grupo etario. Sin embargo, comenta Idayris, que en cada uno de estos ve una oportunidad de superación profesional y personal.

“A mí me gusta mucho la edad pediátrica porque los niños no mienten. Sin decirte una palabra, con un simple gesto, ellos le indican al especialista dónde examinar y qué hacer. Llega el momento que de solo mirarlo, ya uno reconoce al enfermo y al que no lo está.

“En una sala de terapia también existen momentos de felicidad”, asegura Llamazares Pérez.
“Hace unos meses a nuestra UCI llegó una niña de poco más de un año, con una neumonía importante, a lo que se sumó un derrame pleural y otras complicaciones. Todo indicaba que tendría que ir al salón para operarle el pulmoncito. Pero el equipo de la terapia indagó y se documentó bien acerca de esta enfermedad y encontramos un tratamiento.

“Sabíamos que a nivel mundial existían resultados satisfactorios con este procedimiento, pero aquí en la provincia nunca se había aplicado. A la niña se le realizó una pleurotomía, una técnica quirúrgica que consiste en la comunicación de la cavidad interna con el exterior mediante un aditamento. Y para alegría de todos, esta pequeña mejoró su estado de salud sin tener que abrir su tórax”.

Al hablar de sucesos agradables dentro de aquella sala de atención al paciente grave, –con mucha ternura–, se refiere a un niño en específico.

“Reydel es un pequeño de cuatro años con una atrofia muscular espinal severa. Lleva alrededor de un año en esta unidad porque es dependiente al ventilador mecánico, pero es un chiquillo muy especial, que nos hace vivir experiencias únicas y nos contagia con su alegría y esperanza.

“Él y los demás niños que han pasado por la Unidad de Cuidados Intensivos del Pediátrico, al menos a mí, me han enseñado a ser una mejor persona. Allí adentro cada segundo es valioso y tratamos de proporcionarles calidad de vida, felicidad y paz”.

CORAZA DE FORTALEZA QUE PROTEGE UN CORAZÓN SENSIBLE

Al preguntarle las características que debe tener un especialista para atender al paciente pediátrico grave, desde su experiencia profesional, Idayris destaca dos: la fortaleza de espíritu y la sensibilidad humana.

“He oído criterios de personas que piensan que, de tanto tratar con pacientes graves, quienes trabajamos en la terapia perdemos esa parte sensible y que vemos como normal la muerte de un niño. Yo les aseguro que no es así. Nosotros hemos estado mucho tiempo realizando una reanimación cardiopulmonar, ya que nos negamos a la realidad de que ese niño ha fallecido.

“De hecho, lo que nos impulsa a realizar ciertos procederes, es precisamente el deseo de que ese pequeño se recupere pronto. Y aunque alguien por desconocimiento, nos acuse de insensibles, a uno le queda el consuelo de que gracias a tu ayuda, quizás ese triste momento demoró un poco más en llegar, o que simplemente hoy muchos pacientes viven”.

Para esta doctora no existe mayor satisfacción que ir por la calle y que la asalte el agradecimiento de un niño o sus familiares.

“Me emociona mucho cuando sin esperarlo y donde menos imagino, de repente un pequeño o algún miembro de su familia me saluda y me recuerda que fui yo quien lo atendió en el Pediátrico. Esto me sucede con frecuencia y hasta he tenido experiencias de niños que se sueltan de las manos de los padres y vienen y me besan y abrazan.

“Algunos expresan su gratitud al querer que sea yo quien le dé seguimiento médico a sus hijos. Están los que te recomiendan a otros padres. Y por diferentes vías, ya sea a través de un mensajito, una llamada telefónica o de forma personal, hay quienes te hacen sentir especial. Incluso, padres que perdieron a sus hijos, pero te agradecen lo que hiciste por ellos en determinado momento”.

SIN TIEMPO PARA LOS QUEHACERES DE LA CASA

Luego de terminar la jornada laboral, cuando llega a su casa en el reparto Ceferino Fernández, Idayris continúa en consulta.

“Los vecinos me dicen: ‘Niña, ya empezó el cuerpo de guardia’, pues siempre hay padres o familiares que vienen a la casa preocupados por sus hijos y necesitan el criterio de un especialista. Y cómo no atenderlos, si esa es mi pasión.

“Esto lo puedo hacer porque mientras yo atiendo a los niños o llamo al hospital para conocer la evolución de algunos pacientes, mi mamá realiza los quehaceres hogareños. Ella y mi papá dicen que esa es mi prioridad y que mientras ellos puedan me ayudarán para que yo sea una mejor profesional. Por eso digo que el logro no es solo mío”.

Pasa la noche y a las siete y media de la mañana, la doctora Idayris Llamazares Pérez llega nuevamente al pediátrico, feliz por regresar a su otro hogar. Allí la esperan sus niños y colegas.

“Me gusta trabajar en la UCI, pues los que laboramos aquí verdaderamente somos un equipo, con un mismo sentir: ayudar a nuestros pacientes. Por tal razón no estamos pendientes de ver quién sabe más o menos, sino que compartimos conocimientos y saberes. Tanto las responsabilidades como los logros corresponden a todos. No es el doctor Edy, no es el doctor Jesús, es el colectivo de la terapia”, precisa Idayris.

Su pasión por los niños y la experiencia como profesional le hacen pensar que mientras haya aliento de vida en un paciente pediátrico, vale la pena todo cuanto se haga por él.
Como pediatra y mujer que desea ser madre, no imagina una vida sin la alegría y la inocencia que los niños proporcionan.

“Quiero tener hijos, pero en tanto esto suceda, me ocupo de los que la vida me pone en el camino. Yo le digo a mis amistades que así me voy entrenando. Pero para nada es un sacrificio, me encanta mi especialidad, y si de mí depende, siempre estaré rodeada de niños”.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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