Actualizado 20 / 05 / 2018

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La mujer más fuerte que conozco

Foto: AliExpress.com

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El sol del mediodía sabía a hierro fundido, así era de caliente y centelleante el viernes pasado, justo cuando decidí comprar las postales de felicitación por el día de las madres.

Me dirigí al estanquillo de la Terminal de Ómnibus, pues me queda más cerca del trabajo. Seleccioné varias, ajustándome al gusto de cada fémina de la familia, sobre todo al de mi madre, difícil de complacer.

Abrumada por la temperatura, no reparé en el texto de las postales sólo en el diseño. Regresé a mi centro laboral, con la premura de un animal nocturno que equivocó la hora y le sienta mal el astro.  Pero en la frescura de la oficina, comencé a detallarlas, imaginando sus destinatarios.

Me emocionó especialmente aquélla en la que se leía: "La vida no viene con un manual de instrucciones, pero sí con una linda madre".

Leían mi mente: eran las mejores palabras que pudiese dedicar, porque venían acompañadas de un oleaje salado de remembranzas. Entonces no recordé ocasión en la que mi madre, me haya dejado desvalida, aun en las más oscuras circunstancias.

En efecto, no existe un manual que expliqué qué y cómo hacer mejor las cosas. La vida trae escaramuzas, algunas más complejas de sortear que otras. Las personas llegan, se marchan, con o sin huellas. Pero una madre siempre está. Porta el listado de instrucciones para direccionar nuestros pasos; la escuchemos o no. Su entrega es incondicional, tanto en la desdicha como en la bonanza.

Las disposiciones y censuras de mi madre, me condujeron hacia el autoconocimiento. Debo darle la razón, por toda vez que me cuestionó. Soy producto indiscutible de su crianza y descubro, con sorpresa, que me parezco más a ella de lo que ambas imaginamos.

Gracias madre, por tu desvelo cuidando mi fiebre o mi asma. Por ajustar tu cinturón para alimentarme…por sustentar y mantener unido nuestro hogar, mientras crecía…por impulsarme a conquistar el futuro. Nunca vi una lágrima o un reproche en tus ojos. Mi casa era una burbuja aunque afuera lloviese torrencialmente…

Hoy, mi madre educa nuevas generaciones en una escuelita rural. Llega del trabajo, se pone las botas y comienza otra faena, cultivando la tierra - ella, tan fecunda como la tierra misma; quien luego de treinta y tres años de matrimonio, mantiene enamorado a mi padre como el primer día.

Es mi “Mariana”; la mujer más fuerte que conozco.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Especialista de Comunicación externa de Radio Guamá.

Red 2.0

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