Actualizado 20 / 05 / 2018

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La vida de una mujer normal

Foto de: Vania López Díaz

Foto de: Vania López Díaz

Pinar del Río es sede de la XI Jornada Nacional de Lucha Contra la Homofobia y la Transfobia. A propósito, Guerrillero comparte este testimonio enfocado en el respeto a la diversidad.

El primero de febrero de este año, Hany González García, de 37 años de edad, se convirtió en la persona número 48 en el país y primera pinareña que se sometió a una operación de cambio de sexo. Con ello cumplió uno de los grandes sueños de su vida.

Diez años se cumplen el próximo mes, desde que el Ministerio de Salud Pública en Cuba aprobó una resolución impulsada por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) que permite operaciones de tal magnitud física y tratamiento psicológico, mecanismo legal que también incluye un plan de atención integral a transexuales.

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Estábamos en el Centro de promoción de la provincia en un taller al que vino un muchacho del Cenesex. Cuando hablamos de las cirugías le comenté que las personas de Pinar del Río no teníamos esa oportunidad y me pregunta si yo quería, le dije que sí. Entonces quedó en que me iba a avisar.

Pensé que serían solo palabras, pero no pasaron 15 días cuando la promotora de aquí me avisó que me contactaron. En ese momento me mandé rápido para el Centro, hice mi historia clínica y comencé a atenderme.

En la cirugía me quitaron todos los genitales: el pene, los testículos, incluso ya no produzco hormonas masculinas; por eso a los cuatro días de la operación me empezaron a poner hormonas femeninas, porque ahora mi cuerpo no las produce de ningún tipo y así la piel puede envejecer más rápido. Además, las hormonas femeninas refinan el cuerpo, cambian la cara, la piel...

Como muchas operaciones, esta fue complicada. No obstante, yo sabía a lo que me iba a enfrentar, porque durante el tiempo de atención en el Cenesex nos explicaron todos los pasos.

Hay una comisión de médicos que determinan si tú estás o no apta. No es que digas: “yo me quiero operar” y lo hiciste y ya. Debes pasar por una comisión de psicólogos, psiquiatras, clínicos, en fin, todo tipo de especialistas. Entonces ellos, a partir de los tres años de atención como mínimo, deciden.

Cuando me operaron tuve un sangramiento a las seis de la mañana y el médico me lo pudo parar a las 11 del día. La hemoglobina me bajó a siete. Después de eso superé dos sangramientos más.

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Gracias a Dios, a la fuerza, al deseo y a la voluntad que tenía, pude pasar eso. No es fácil verse en un hospital sola. A las parejas no les permitían quedarse con nosotras, mi mamá no podía y mi hermana me acompañó, pero solo por dos o tres días, luego regresó para atender a sus hijos, su familia, su vida.

Cuando me fui para la cirugía me quedé sin nada, vendí mis muebles, mi lavadora... todo eso para mi estancia en La Habana, ya que la cirugía fue gratis, pero durante el mes de recuperación tuve que alquilar un cuarto a 20 dólares diarios por mí y 20 por mi acompañante.

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Yo quiero estar segura de que estoy del todo bien antes de tener relaciones sexuales, primero porque es algo desconocido para mí y una debe de aprender a explorarlo. También porque las heridas por fuera tú las ves sanas, pero por dentro no sabes. Por lo demás no tengo problemas, pues yo sí soy transexual.

Serlo, en mi caso, es sentirse mujer en todo momento de la vida, y mis genitales los tenía solo para mis necesidades. Yo siempre he tratado de mantener mi pareja estable, pues me gustan los hombres.

Tengo turno cada 15 días. Hace poco me vi con la ginecóloga y me puso espéculos. Por la computadora tú ves que sale la vagina entera. Ella me dijo “levanta la cabeza para que veas”. Yo lloré. Y me preguntaba por qué. De la alegría, es algo con lo que soñé toda la vida.

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Estuve nueve años atendiéndome, pero en realidad llevo muchos más esperando por esto, desde los 15 o 16 años.

Recuerdo que en mi escuela me hacían pasar penas. Me decían que hablara gordo y yo hablaba finito, pero no eran cosas fingidas, sino mi forma de ser. A mi mamá le aconsejaban que me llevara a los psicólogos o psiquiatras, que veían algo en mí que no era normal.

Fue pasando el tiempo y me daba cuenta de mis preferencias. Me gustaba vestirme de mujer, pero al ser menor de edad, no me sacaba las cejas ni me arreglaba. Mis padres me lo prohibían.

Era una persona frustrada. No me podía manifestar de la forma en que quería. Por ejemplo, si iba a una fiesta no bailaba, ya que quería hacerlo como las mujeres.

Cuando me hice mayor de edad me dije que no me iba a importar lo que hablaran de mí. Los demás tenían sus vidas y no me metía en ellas. Debía decidir para dejar ese círculo vicioso de que quería y no podía. Así empecé a los 17 años a vestirme de mujer y desde esa edad busco mis cosas y tengo lo mío.

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Hoy soy ama de casa. Cuando terminé el noveno grado determiné no seguir porque tuve muchas complicaciones en la vida, tabúes que no me dejaban avanzar.

Luego hice el duodécimo grado en la Facultad por la noche y comencé a trabajar en el Centro de Rehabilitación al frente del policlínico Turcios Lima, donde, gracias a Dios, me aceptaron como era, vestida de mujer. Inicié limpiando pisos y después pasé un curso de masaje facial, por lo que estuve de técnica. Durante los dos o tres años allí nunca presenté problemas. En el mural estaba hasta mi nombre, con el que me identifico: Hany González García.

Siempre he vivido aquí. De mis vecinos sí no puedo tener queja alguna. Estos asientos en los que tú estás sentada son de ellos.

Foto de: Vania López DíazFoto de: Vania López Díaz

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Mira cuánto sacrificio, pero me considero una persona fuerte, decidida y siempre he luchado por lo que he deseado. Quería casarme por boda como una de ustedes y lo logré. Solo que fue inventada la firma, pero hice mi fiesta, alquilé mi traje, el carro, los globos...

A los 10 años de mi relación con esa pareja, me contagié con VIH. Ni él ni la vida me dejaron escoger. Sin embargo, para la operación eso no fue un problema, siempre y cuando tuviera mis CD4 y mi carga viral bien, junto a los otros análisis de rutina y siempre he tenido un organismo fuerte.

Sé que tengo VIH en el momento que tocamos el tema, de lo contrario no me acuerdo, pues hago mi vida normal, ni me acomplejo de esta enfermedad. Tengo adherencia al tratamiento, me tomo todos mis medicamentos en sus horarios, soy disciplinada, sin vicios, si necesito hacerme un análisis o una carga viral los hago y voy a todas las consultas con el clínico.

Mis parejas las tengo aquí, dentro de mi casa, así es con mi relación actual, con quien llevo nueve años; porque no soy una persona promiscua, no ando por las calles, llevo la vida de una mujer normal.

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Quisiera agradecer primero a la Revolución, en segundo lugar a Mariela Castro y además al Cenesex y a todos sus miembros. Cada uno de ellos aporta su granito de arena para que nosotras podamos operarnos y sentirnos bien. Ileana, la enfermera, Eldia de Dios, la psiquiatra. Desde que entras allí te tratan con mucha amabilidad y cariño.

En ningún otro país del mundo lo hubiera hecho, porque necesitas mucho dinero y aquí no nos cobran nada.

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Hany transita ahora por el colofón del proceso. Sus nuevos documentos estaban en trámites en el momento de esta entrevista, ahí estará su identidad que la define como mujer para todos los ámbitos de la Isla.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

Red 2.0

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