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Símbolos de historia y contemporaneidad

Bandera Cubana

Bandera Cubana

Aunque duela, la estrella que está en el centro del triángulo rojo no fue concebida para ondear sola, sino para sumarse como otra más, a la insignia de Estados Unidos. Narciso López, quien la diseñó, era un defensor de las teorías anexionistas.

DE HISTORIA Y LEYES

Hoy es símbolo de independencia, y en los días más oscuros, refulgía su blanco sobre el fondo púrpura señalando la luz en el camino, como recordatorio perenne de los caídos, de aquellos que fueron al combate a su amparo, no repararon en sacrificios y le entregaron incluso su vida, porque veían en ella a la patria.

En la historia de Cuba queda recogido como aporte de los anexionistas la creación de la bandera y el escudo de la nación; el himno fue compuesto por Perucho Figueredo.

A nuestros pequeños desde edades tempranas en las diferentes instituciones escolares se les enseñan los símbolos patrios así como los atributos: el árbol es la palma real, el ave el tocororo y la flor la mariposa.

La forma correcta de nombrar los símbolos patrios es La bandera de la estrella solitaria, El escudo de la palma real y El himno de Bayamo, establecido en la Ley 42 De los símbolos nacionales, del 27 de diciembre de 1983 y el Reglamento para su uso lo define el Decreto 143 de 1988, del Consejo de Ministros.

A tenor con estos documentos, hay regulaciones para los mismos, algunas más conocidas como el hecho de que la bandera debe izarse al salir el sol y arrearse apenas oscurezca; que al escuchar el himno es preciso ponerse de pie, descubrirse o que el escudo puede estar en la fachada de órganos y organismos del Estado.

Las legislaciones antes mencionadas tienen un amplio carácter restrictivo y en el caso de la bandera se prohíbe escribir, pintar o colocar objeto ni figura de ninguna clase sobre ella. Solo hay que hacer un recuento de diplomas y pancartas empleadas en diversas ocasiones para fines conmemorativos o de reconocimiento y ya tendremos numerosas violaciones sobre su uso.

También impide este Reglamento el empleo en distintivos, anuncios, como parte del vestuario; pintada, grabada o dibujada en los vehículos (excepto en aeronaves). Ejemplo reciente tenemos en el pasado primero de mayo ¿cuántos llevaron prendas con la bandera?: pulóveres, gorras, pañuelos o hasta dibujada en el rostro, y seguramente no les asistía ninguna voluntad de irrespeto, sino muy al contrario, una manera de reafirmar compromiso e identificación con el fin que los convocaba.

Además, se estipula que no pueden realizarse réplicas en cualquier material con propósitos ornamentales o comerciales; ni para cubrir tribunas, mesas para presidir actos o frente de plataformas; ni en forma de telón, colgadura o lienzo que le impida desplegarse libremente, a menos que se use para cubrir sarcófagos.

No hace falta ser un experto ni analista del tema para concluir que frecuentemente son violadas estas disposiciones, que a juicio de muchos son arcaicas y restringen la aprehensión de estos símbolos como parte de la cotidianidad, mas lo cierto es que están vigentes.

LEGISLACIÓN APARTE

Recientemente en el espacio televisivo Mesa Redonda se abordaba el tema y además del uso de nuestra enseña nacional para estos fines el debate derivó hacia el empleo de las foráneas.

Si no es posible llevar la propia, optan por la ajena, en ocasiones por motivos circunstanciales, como que les regalaron una prenda de vestir y necesitan aprovecharla sin importar lo que lleve el tejido, otros lo hacen de manera consciente atraídos por los diseños, el color y hasta el significado.

Aquí es quimérico soslayar el tema accesibilidad, pues el costo de un pulóver en las tiendas que comercializan estas piezas, con la cubana, supera los 10 cuc, representa un tercio del salario promedio, que según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) para Pinar del Río al cierre del 2015 era de 687 pesos.

Otra arista, no están disponibles las banderas en la red comercial nacional para las personas naturales. Emplearlas en fechas históricas para engalanar viviendas, sí está permitido por la Ley y el Reglamento. Hay familias que atesoran las suyas como patrimonio y llevan décadas usándolas, pero están envejecidas, raídas; han pasado de una generación a otra y eso les confiere valor emocional, pero no solo por eso las conservan, es difícil sustituirlas.

“Costó más de 200 cuc”, asegura el funcionario, mientras muestra la insignia desplegada, con esa frase confirma que acceder a una bandera cubana no es fácil ni barato.

La ley 42 tiene 34 años y el Reglamento 29, en ese tiempo han sido muchos los cambios ocurridos en nuestra sociedad: unos para bien, otros para mal; nos hemos abierto al mundo y estamos más expuestos a tendencias foráneas, donde es práctica generalizada tratar a la bandera con menos reverencia y más familiaridad, así que no es de extrañarnos que en casa aparezcan esos síntomas.

Sin olvidar que ante el creciente número de visitantes extranjeros aumenta la demanda de suvenires, y en cualquier sitio de artesanos también la encontramos grabada en cajas o estuches para tabacos, tallas y la más diversa gama de artículos; sobre este aspecto hay que señalar que en muchas ocasiones se reproduce sin tener en cuenta la estructura proporcional de la misma e incluso con variaciones cromáticas, lo que constituye también contravenciones.

Y aunque es la bandera el símbolo que más se utiliza fuera de los contextos institucionales y oficiales, no es la única que está expuesta.

OTRAS TENDENCIAS

En nuestras escuelas profundizan en la enseñanza del himno, para que los estudiantes dominen correctamente la letra del mismo y exigen que lo canten en los matutinos. Sé de una directora, que, si el torrente que emerge del alumnado no está acorde con la potencia de voces, lo hace repetir una y otra vez, para combatir a esos morosos que toman el silencio como opción, ante el coro que los rodea.

He sido testigo de personas que no se detienen si transitan por un sitio donde se entona, de los que “doblan”, limitándose a un movimiento labial sin articulación de palabras e incluso, de quienes permanecen con gorras y sombreros cuando lo correcto es descubrirse ante esta marcha y colocarse en firme frente al lugar de honor donde se ejecuta.

Como también he encontrado escudos en funciones decorativas.

Pueden ser muchas las maneras en que se viole lo estipulado en cuanto a los símbolos patrios, a veces de forma consciente o por desconocimiento, pero es imperdonable que hagamos de ellos solo un contenido académico y que entre el “consignismo” y el “panfletarismo” dejemos que se pierda la esencia de los mismos.

A las escuelas les corresponde un rol a desempeñar en ese sentido, pero también la casa y la familia han de tener en cuenta la enseñanza de estos, somos cubanos y ante el mundo son esos los elementos que nos distinguen. Añadiendo además el significado histórico de cada uno de ellos.

En la Constitución de la República de Cuba de 1976 (Capítulo I, artículo 4), se señala que “los símbolos nacionales han presidido por más de cien años las luchas cubanas por la independencia, por los derechos del pueblo y por el progreso social...”

ENTRE LA LEY Y LA VIDA

Existen las regulaciones, mas la vida suele escapar de los marcos convencionales y las tendencias actuales distan de las del momento en que fueron implementadas, pero debe haber límites para evitar los excesos.

Eusebio Leal, historiador de La Habana, declaró hace algunos meses que no estaba de acuerdo con que la bandera cubana fuera un delantal y sus palabras colocaron el tema en el candelero público, porque a pesar de lo estipulado, paulatinamente el irrespeto y las conductas indiferentes hacia tales prácticas han ido ganando un espacio.

Se precisa coherencia, tanto institucional como social, pues en nuestras tiendas hay artículos que llevan la bandera o el escudo, y fueron confeccionados industrialmente por alguna entidad que desconoció la Ley. También a nivel individual se requiere la conciencia del contenido que llevan implícitos esos símbolos, y cuando alguien opte por emplearlos no lo haga a la ligera, por moda o comodidad, sino como una acción responsable y meditada.

La Patria no hace falta tatuarla para recordarla, pero quien quiera ostentarla, con el orgullo de saberla propia y hacerlo con referentes reconocidos mundialmente ha de tener derecho a ello.

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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