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Marianas del bosque

La calidad en lo que hacen prima en “Las Marianas” / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

La calidad en lo que hacen prima en “Las Marianas” / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Bien intrincado en el lomerío, allí donde los pinares no te permiten ver más allá de la próxima elevación, una encuentra entre el sol y el sudor, un grupo de mujeres que no paran de reír a pesar del cansancio.

Pareciera que la fuerza de su brazo no cree en la maleza rastrera ni en lo duro de un tronco de marabú. La brigada de silvicultura número uno de mujeres, creada en 1998 y perteneciente a la unidad empresarial de base agroforestal Malbajita, de la Empresa Agroforestal La Palma, es la más disciplinada de la entidad.

Puede ser hasta irónico, pero es un hombre quien las dirige. Vidal Carmona Izquierdo confiesa que no quiere mejores trabajadoras: “Siempre me están diciendo cosas, me ´trajinan´, pero cuando el asunto es de coger el machete no creen en nadie. Aseguro que con ellas el trabajo queda más curioso, más bonito, mejor hecho”.

Las conocen como Las Marianas, pues varias de ellas venían de un contingente al que llamaban así y que antes se dedicaba al corte de la caña. Las demás siguieron identificándose con ese nombre que, por supuesto, constituye un orgullo.

Emérica Martínez se escucha por encima de las otras. Desde hace más de dos décadas trabaja en la agricultura. A sus 57 años, afirma que está adaptada a la ruda labor: “Cuando estoy en la casa quiero venir para acá. Tengo hijas, nietos, hermanos, mucha gente que me ayuda allá”.

Es tan exigente con su trabajo como con sus derechos: “La Empresa siempre está al tanto de nosotras, aunque ahora mismo necesitamos botas y ropa de trabajo que hace tiempo no se nos entrega. Los almuerzos son buenos, pero la merienda deberían reforzarla porque esos dos panecitos chiquitos no son suficientes”, comenta.

El granadillo es una de las plantas más complejas de eliminar para las mujeres de la brigada de silvicultura número uno / Foto: Jaliosky Ajete RabeiroEl granadillo es una de las plantas más complejas de eliminar para las mujeres de la brigada de silvicultura número uno / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Esta brigada de mujeres ya constituye un referente en el municipio, pues lo mismo se pueden encontrar cerca del aserrío que por la zona de La Jagua. Su responsabilidad consiste en hacer las atenciones silviculturales a las plantaciones de pinos, por lo que un día normal puede prometer media jornada de chapea, limpia y mantenimiento al bosque.

“El marabú es bastante bronco, pero yo creo que lo que más malo se corta es el granadillo, otro palo que es muy duro y sus espinas son alfileres”, dice Emérica.

Calladita a la espera de su transporte está Lisllín Menéndez Fuentes. Esta joven de 36 años es parte de Las Marianas desde el 2005: “Me incorporé porque necesitaba trabajar; al principio me costó mucho, pero uno coge el ritmo. El salario depende de lo que estemos haciendo y de cómo esté el terreno, pero aquí no hay miedo”.

A sus 59, María Fuentes González recuerda cómo eran sus tiempos cortando caña. Asevera que si tuviera que hacerlo otra vez lo haría sin reparos: “Lo que hacemos aquí se lleva bien. Nosotras estamos acostumbradas a chapear y después a desarrollar las tareas de la casa. A mí me han dado la oportunidad de irme a otras áreas de la empresa, pero me gusta lo que hago, lo puedo dominar. Eso sí, prefiero el machete a la guataca. Trabajo fuerte desde los 16 años”.

Sobre la labor que realizan, Alberto Sánchez Triguero, quien atiende la Silvicultura en la UEB, precisa que hacen cada día aproximadamente una hectárea. “Es una brigada especializada que reviste gran importancia, ya que el pino tiene como fin la industria, y para que crezca fuerte y sano, sin hongos, hay que realizarle las labores a tiempo. Ellas se encargan de darle mantenimiento a las plantaciones, hacen limpia, poda, chapea y raleo. Posiblemente trabajen más que muchos de los hombres que tenemos aquí y ejecutan sus faenas con calidad”.

Mientras llega la carreta que cada mediodía las transporta, estas mujeres hacen cuentos y se ríen entre ellas. Cuando alguna ha presentado un problema personal, de salud o con la familia, el colectivo la ha apoyado.

Muchas veces imaginamos a la mujer de manos finas, de piel tersa que teje y borda en el hogar, o aquellas cuyos dedos adivinan las letras en un teclado sin apenas mirarlo, o la que va tiza en mano enseñando a los más pequeños. La vemos, incluso, en la industria, con casco y gafas, dirigiendo a un grupo de hombres, afrontando retos importantes, o en cargos relevantes para la sociedad.

Mas pocas veces la imaginamos machete en mano, desbrozando cada amanecer un campo de marabú, con un pañuelo de colores en la cabeza y unos guantes medio rotos que descubren los callos de la palma de la mano. Quizás no exista piel más suave para sus hijos, que la de esa madre que se enfrenta y cuida al bosque, para dar alimento a la familia, para que sus nietos sean tan saludables como los propios pinos que robustecen día a día.

Sobre el Autor

Dorelys Canivell Canal

Dorelys Canivell Canal

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Corresponsal del diario Juventud Rebelde en Pinar del Río.

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